La aparición del perfume se remonta a los comienzos de la Humanidad, siendo los egipcios los primeros en utilizarlos en sus rituales sagrados y en el tocado femenino.
Más tarde fueron los griegos los que descubrieron nuevos aromas en sus viajes por mar, en tanto que  Roma fue la encargada de generalizar su uso, otorgando a los perfumes propiedades curativas.

Con la caída del Imperio Romano, lo pueblos bárbaros, marcaron un retroceso en su uso, sólo persas y árabes los empleaban, inventando además el alambique  y procesos nuevos de destilación.
En el siglo XII resurge la cristiandad y las esencias adquieren valor para luchar contra pestes y enfermedades.
El Renacimiento trajo, bajo el impulso de católicos y protestantes, la necesidad de  cubrir el cuerpo, y el perfume paso a ser un auxilio a la falta de higiene de la época.

La ciudad de  Grasse, al sur de Francia, con su clima excepcional se convierte en el centro más importante  de producción de aromas naturales, en especial de lavanda.
En el siglo XVII se crean aromas de origen animal intensos, que son moda en la sociedad del momento.
En el siglo XIX los adelantos de la química, permiten imitar olores de la naturaleza, lo que  inica  la  era de la Perfumería Industrial.

Finalmente, en el siglo XX la tecnología química unida a la aparición de Perfumístas creadores de composiciones, hacen que el perfume se asocie al arte y la moda, dando paso a una competencia comercial enorme entre marcas.